La «manipulación emocional» de los juguetes inteligentes
Ya hemos hablado anteriormente del riesgo que suponen los juguetes inteligentes para los menores,
Pero existe un riesgo más que preocupante y menos visible. Es la capacidad de algunos juguetes inteligentes para influir en las decisiones familiares mediante la presión emocional sobre el niño.
Se han detectado juguetes y aplicaciones asociadas que:
- Animan explícitamente al menor a pedir a sus padres que compren versiones premium, accesorios o suscripciones.
- Bloquean funciones básicas y utilizan mensajes como “si tus padres pagan, podremos jugar más” o “diles que necesitas esta mejora”.
- Simulan tristeza, decepción o enfado cuando no se realizan compras adicionales, generando sentimientos de culpa en el niño.
- Premian al menor solo cuando se adquieren productos extra, asociando el afecto o la diversión al consumo.
Este tipo de prácticas son especialmente problemáticas porque los niños no distinguen entre juego y publicidad, y pueden interiorizar la idea de que el dinero o las compras son necesarias para mantener relaciones afectivas o disfrutar del juego.
Incitación indirecta al soborno o a la presión a los padres
En algunos casos, el juguete actúa como un intermediario persuasivo, animando al menor a insistir, suplicar o negociar con sus padres para obtener compras o desbloqueos. Aunque no se trate de sobornos en sentido legal, sí se configura una forma de manipulación comercial encubierta, aprovechando la vulnerabilidad infantil y la relación de confianza con el juguete.
Expertos en protección del menor consideran que este tipo de mensajes puede:
- Deteriorar la relación familiar.
- Normalizar la presión económica dentro del hogar.
- Fomentar hábitos de consumo poco saludables desde edades tempranas.
En Estados Unidos, no existe una prohibición general de los juguetes inteligentes, pero sí advertencias oficiales. El FBI y otras agencias han alertado de que estos dispositivos pueden poner en riesgo la seguridad y la privacidad de los menores. Además, la legislación obliga a las empresas a obtener el consentimiento parental para recopilar datos de niños, aunque su cumplimiento no siempre es claro.
En otros países, como Alemania, algunos juguetes conectados han sido directamente retirados del mercado por considerarse dispositivos de espionaje encubiertos.
Estas acciones reflejan una creciente preocupación internacional por la falta de límites claros en el diseño y la comercialización de juguetes tecnológicos dirigidos a menores.
Recomendaciones para familias y educadores
- Investigar el juguete antes de comprarlo y leer opiniones independientes.
- Revisar las políticas de privacidad y uso de datos.
- Evitar juguetes que incluyan pagos ocultos o mensajes comerciales dirigidos al niño.
- Desactivar micrófonos, cámaras o conexiones si no son necesarias.
- Priorizar juguetes que fomenten la creatividad sin conexión permanente a internet.
- Hablar con los niños sobre publicidad y consumo de forma adaptada a su edad.
Desde luego, los juguetes inteligentes pueden ofrecer experiencias interesantes, pero no son inocuos. Además de los riesgos tecnológicos, plantean desafíos éticos, educativos y emocionales, especialmente cuando influyen en el comportamiento infantil para fomentar el consumo o presionar a las familias.
Proteger a los niños en el entorno digital implica no solo vigilar las pantallas, sino también revisar qué tipo de mensajes transmiten los juguetes con los que juegan. La innovación tecnológica debe ir siempre acompañada de responsabilidad, transparencia y respeto por los derechos de la infancia.





